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Cómo hacer un conteo físico sin cerrar la tienda
Contar todo un domingo con la cortina abajo es la manera más cara de hacerlo. Se puede contar por zonas, en horas muertas y sin parar la venta, si se hace en el orden correcto.
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El conteo físico es la única manera de saber qué tienes. El sistema dice dieciocho; el estante dice quince. Los tres que faltan se fueron por algún lado —un robo, una merma que nadie anotó, una venta capturada mal— y hasta que no cuentes, tu inventario es una opinión.
El problema no es contar. Es que casi todo el mundo lo hace de la peor manera posible: un domingo, con la cortina abajo, todo de un jalón, con gente cansada y a las once de la noche. Y así se cuenta mal, que es peor que no contar.
Cuenta por zonas, no la tienda entera
Parte la tienda en zonas de veinte o treinta minutos: un estante, una vitrina, un anaquel. Cada zona se cuenta completa de una sentada y no se vuelve a tocar ese día. Eso es un conteo cíclico, y tiene tres ventajas sobre el conteo total:
- No paras la venta. Se cuenta en la hora muerta de la mañana, mientras el mostrador sigue trabajando.
- Cuentas más seguido. Una zona por día son treinta zonas al mes: la tienda entera, sin un solo domingo cerrado.
- Encuentras el problema cuando todavía se puede rastrear. Una diferencia de hace tres días se investiga; una de hace once meses ya no.
El orden que evita la mitad de los errores
Uno. Congela la zona. Mientras cuentas ese estante, nada entra y nada sale de ahí. Si hay que vender una pieza de la zona, se anota aparte y se suma al final.
Dos. Cuenta a ciegas. Quien cuenta NO debe ver cuántas piezas dice el sistema. Es la regla más importante y la que casi nadie sigue: en cuanto ves «18» en la pantalla, cuentas dieciocho. El cerebro completa. Se cuenta primero, se compara después.
Tres. Anota lo contado, no la diferencia. Escribes «15», no «faltan 3». La diferencia la saca el sistema. Si la calculas tú, cada resta es una oportunidad de equivocarte.
Cuatro. Recuenta lo que no cuadra, y sólo eso. Si de treinta productos hay tres con diferencia, se cuentan esos tres otra vez, de preferencia con otra persona. La mitad de las diferencias desaparecen en el recuento: eran errores de conteo, no de inventario.
Cinco. Ajusta con motivo. Lo que sobrevive al recuento se ajusta, y el ajuste lleva escrito por qué: conteo, merma, rotura, robo. Un ajuste sin motivo es un número que dentro de seis meses no le sirve a nadie.
Qué hacer con las diferencias
Una diferencia no es un ladrón. Antes de pensar mal, revisa las cuatro causas que explican casi todas: una venta capturada con el SKU equivocado —dos variantes que se parecen—, una entrada que nunca se registró, una devolución que volvió al estante sin capturarse, y una unidad de medida mal puesta (una caja de doce contada como una pieza).
Si después de eso la diferencia sigue, ya es merma real. Anótala como lo que es, con su costo. Lo que se pierde por merma se puede medir, y lo que se mide se puede bajar: una tienda que sabe que pierde $4,000 al mes en una categoría es una tienda que puede decidir mover esa categoría al mostrador.
Y que quede escrito
Un conteo que no deja rastro sirve para hoy y para nada más. Lo que hace que el conteo trabaje a tu favor es la serie: la misma zona contada cada mes, con sus diferencias, dice si el problema está creciendo o si lo que hiciste funcionó.
En Arca el conteo se captura por ubicación y la app saca la diferencia contra lo que debería haber, pieza por pieza. El ajuste queda escrito en el kardex con su motivo, su fecha y el nombre de quien lo hizo, y no se puede editar ni borrar después.